Maestros tan corrientes como excepcionales

Son el auténtico motor de la enseñanza; docentes normales y magníficos que enseñan en colegios rurales, de educación especial, de difícil desempeño y aplicando nuevas pedagogías en el aula

No han olvidado el lejano día en que, como este sábado miles de opositores, se jugaron el futuro profesional en un examen temblando como flanes y después de años de preparación y esfuerzo. Motores del aprendizaje que sentará las bases del futuro académico de los más pequeños, los niños de tres a doce años, los maestros que ilustran estas páginas son tan comunes como magníficos: han sido capaces de lograr que un chaval de diez años recién llegado a la Región desde Senegal, desnutrido y sin hablar palabra de español, sea hoy un enfermero excepcional titulado en la Universidad de Murcia; de que Luis, con parálisis cerebral y un nivel mínimo de consciencia, cercano al coma, sea capaz de aprender y responder a estímulos con la mirada; de que los chicos de Murcia compartan estudios con otros alumnos de la India y se manejen con ellos en inglés; y de buscar la manera de que niños sobreestimulados y con acceso a todo tipo de diversiones y espacios aprendan a disfrutar de la lectura. De que la creatividad, la inclusión y la conexión entre la escuela y el mundo real y global sea cada día una realidad en sus aulas.
Desencantados del escaso aprecio de buena parte de la sociedad hacia su trabajo diario, no pierden el afán por construir en cada jornada una escuela que devuelva a las aulas el pensamiento divergente y el placer por aprender. Por hacer posible una enseñanza inclusiva que no deje a nadie fuera y que abra las puertas a las nuevas tecnologías y a las metodologías que convierten al alumno en el protagonista activo de su aprendizaje. Por seducir al escolar a través de la emoción y de la curiosidad por aprender y descubrir.
Diversos en sus métodos y retos, comparten los siete maestros una vocación profunda por la enseñanza y el anhelo por acompañar y formar a sus alumnos en unos años que serán clave en sus vidas.

Beatriz Navarro. Maestra de Educación Infantil Una guía en el camino del aprendizaje y la felicidad
 El Rey Felipe VI condecoraba hace solo unos días a la maestra de Educación Infantil de 39 años Beatriz Navarro por «consagrar su vida a enriquecer el aprendizaje de los más pequeños». Coordinadora pedagógica del equipo educativo de la Escuela Murciana de Primera Infancia, de la que es socia cofundadora, ella explica su día a día de forma más sencilla: «El niño es un ser completo, una persona capaz, autónoma y espontánea con muchas capacidades que desarrollar, que puede convertirse en protagonista de su propio aprendizaje. Solo tienes que acompañarle en el camino para que disfrute y sea feliz». Consciente de la transcendencia que la educación hasta los tres años tiene en el desarrollo futuro del niño, la maestra centra todo el esfuerzo en respetar sus ritmos y preferencias. «Los primeros años son determinantes, se forman las bases y debemos poner todo nuestro cuidado y atención».

Antonio López. Maestro en el colegio Enrique Tierno de Lobosillo El número uno y premio nacional que le negó el saludo a Wert
De vocación tardía, Antonio López descubrió, después de dedicar quince años al diseño gráfico, que su lugar en el mundo le aguardaba en un aula del colegio público de la pedanía murciana de Lobosillo. Sus alumnos, una docena de marroquíes y cinco chicos de etnia gitana entre ellos, le permiten exprimir su creatividad en el aula y disfrutar con su proceso de aprendizaje como de una fiesta.
Ganó su plaza con el número uno de su especialidad hace solo dos años; antes, enmarcó un grado repleto de matrículas de honor que le valieron el premio nacional de fin de carrera, que debía entregarle el entonces ministro de Educación, José Ignacio Wert. No lo hizo porque Antonio López quiso evidenciar su rechazo a los recortes a la educación pública aplicados por el exministro negándole el saludo durante el acto de entrega de los premios.

Maite Valencia. Maestra de Inglés en el colegio Nuestra Señora de Belén«Trabajamos con material altamente frágil; es una responsabilidad»
«Trabajamos con material altamente sensible. Podemos sacar su mejor versión... o no, depende en buena medida de nuestro desempeño». Maite Valencia es maestra de Inglés en el colegio público bilingüe Nuestra Señora de Belén de Murcia, uno de los más demandados de la Región por las familias. Allí desarrolla el proyecto internacional de innovación pedagógica JDO Foundation, que pone en contacto a alumnos de diferentes puntos del planeta. Los estudiantes colaboran semanalmente a través del correo electrónico, y esas relaciones, que trascienden los parámetros geográficos, socioeconómicos y religiosos, «educan a los estudiantes para que sean ciudadanos globales. Nuestros alumnos están en contacto con chicos de la India», cuenta la docente, encantada con los avances de sus alumnos, que trabajan en clase sin libros de texto.

Lucía Díaz. Directora del colegio de Educación Especial Cristo de la Misericordia «Aprendo cada día de los alumnos, de su lucha y fortaleza»
Va todos los días a trabajar feliz como pocos podrían decir. «Lo paso bien, y cada mañana aprendo de los alumnos. De su lucha y fortaleza, y de sus sonrisas. Hasta de los chicos que tienen un nivel de consciencia mínimo y están cercanos al coma; tienen la mirada», cuenta entusiasmada aún después de treinta años de trabajo. Tres décadas en las que ha podido admirar los grandes avances que son capaces de realizar sus alumnos, todos con patologías graves. «Es un reto diario; el cerebro no transparenta, y no podemos ver de cuánto son capaces hasta que les damos la posibilidad de mostrarlo. Conocerlos es el gran descubrimiento», dice convencida de que «no hay recetas, cada niño es un mundo». Pedagoga y logopeda, no ha dudado en formarse en Dinamarca y Holanda para ofrecer las mejores opciones a los 135 alumnos del centro de educación especial

Ambrosia Fernández. Maestra en el colegio Ntra. Sra. de la Consolación de Molina «Somos el impulso que enciende la chispa de la enseñanza»
Cuatro décadas de escuela y entrega a la enseñanza han convertido a Ambrosia Fernández en una institución. Vocacional y aún apasionada del oficio de enseñar, Ambro podría jubilarse en diciembre, pero no lo hará. «Esperaré a que termine el curso y se gradúen mis alumnos, que llevan conmigo desde cuarto», dice la maestra, que desarrolla en clase el proyecto europeo 'Createskills for STEM', que ofrece herramientas innovadoras para la mejora del aprendizaje de Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. «Intento transmitir a mis alumnos la pasión por todo lo que hagan: por la música, la lectura... Les animo a ir al cine, al teatro, a disfrutar de la vida...», detalla la maestra, esposa y madre de otros dos docentes, y convencida de que los maestros «son el motor que enciende la chispa del aprendizaje y la enseñanza».

Toni García Arias. Director del colegio Joaquín Carrión Valverde de San JavierEl mejor docente de España que es también un 'influencer'
El mejor maestro de Primaria de toda España es, además, poeta, novelista, músico y, por encima de todo, un entusiasta motivador de sus alumnos, que fueron quienes impulsaron su candidatura en la plataforma Educa, integrada por educadores de todo el país. Apasionado de su profesión, Toni entendió hace años que las generaciones a las que forma reciben continuos estímulos y tienen acceso a todo tipo de actividades. Es consciente de que los libros de texto lo tienen difícil para hacerse un hueco en ese bombardeo de impulsos, y hace tiempo que dio con la clave que le permite encender, cada mañana, la chispa de la motivación de sus alumnos: «Necesitan encontrarle una aplicación a lo que estudian, saber que les será útil», sugiere el maestro, a quien su producción divulgativa, influencia en las redes sociales y la participación en proyectos solidarios e innovadores le valieron el premio.

Fulgencio Garijo. Maestro y director del Colegio Rural Agrupado Entretierras La mano que acompañó a Omar hasta la Universidad
Desnutrido, sin libros ni almuerzo, Omar empezó a asistir al colegio rural agrupado Entretierras, en El Jimenado, con el curso ya empezado en quinto de Primaria. El niño y su familia habían llegado poco antes a la Región, y apenas comenzaban a buscarse la vida. «El chico era brillante, muy trabajador e inteligente. Cuando terminó sexto, le propusimos a su familia que repitiera el curso para que pudiéramos formarlo bien para la Secundaria. Hoy es enfermero, y no entró en Medicina por décimas». La historia que relata Fulgencio Garijo, director del centro rural, es una más de cuantas ha conocido en su colegio rural agrupado, pero ejemplifica cuánto es capaz de aportar un maestro a la vida del escolar. El docente llegó a El Jimenado en destino forzoso, y hoy le costaría dejarlo atrás. «Aquí puedo hacer realidad mi concepto de la enseñanza, en aulas poco numerosas y mixtas que permiten ser creativos y aplicar metodologías activas».

Fuente: Diario La Verdad 23 de Junio de 2019